Una breve justificación.

El día 11 de octubre del presente año 2025, aprovechando el Año del Jubileo de la Esperanza, decretado por el Papa Francisco, de feliz memoria, nos reunimos toda la Familia Carmelita —calzada y descalza— para celebrar juntos este gran acontecimiento en la Catedral Primada de América, Nuestra Señora de la Encarnación, en Santo Domingo, República Dominicana.

Por la mañana, tuvo lugar la celebración en la catedral, y por la tarde, en caminata, al Colegio San Pío X, donde compartió una gran fiesta. Todas las Congregaciones, junto con sus grupos de laicos carmelitas, realizaron presentaciones sobre nuestros fundadores, el carisma y el origen de las fundaciones en el país. También compartieron la experiencia de cada grupo sobre cómo viven, en su día a día, la espiritualidad carmelita y lo que esta aporta a su crecimiento espiritual. Terminamos esta gran fiesta con un rico almuerzo y una sección de fotos por grupos.

Queremos aprovechar este espacio para transmitir la reflexión que el provincial de los Padres Carmelitas Descalzos, P. Sandy Fernández, ofreció durante la Eucaristía en esta gran fiesta del Jubileo.


P. Sandy Fernández
Provincial de los OCD

Queridos hermanos y hermanas, en el día de hoy, en sintonía con la Iglesia, nos reunimos como familia del Carmelo para renovar nuestra esperanza en este contexto jubilar. Que el Señor, en su inmensa misericordia, nos conceda la gracia de la indulgencia plenaria del Jubileo.

San Pablo, en la Carta a los Romanos, nos recuerda, “que la esperanza del cristiano no defrauda, porque está cimentada en el amor de Dios.” Esta es la referencia bíblica que tomó el Papa Francisco para motivar este año jubilar sobre la esperanza, en un mundo marcado por las guerras, los conflictos y diversas desigualdades sociales.

Donde encontramos, muchas veces, un mundo marcado por la desesperanza, el desánimo, falta de motivación y sin sentido de la vida. Frente a este panorama, la Iglesia, nos llama a ser profetas de esperanza, no profetas de lamentaciones, sino hombres y mujeres de Dios que vamos aprendiendo a ver el paso de Dios en nuestras vidas en estas bellas tierras dominicanas, aún en la noche oscura de la historia, porque la esperanza del cristiano está en el amor y en la misericordia de Dios, que nunca nos abandona.

En este sentido, nos dice San Pablo en la carta a los Romanos 8, 35: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?,¿los peligros?, ¿la espada?” “¿Quién nos apartara del amor de Dios? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?”

El salmista, en el Salmo 23, responde a nuestras preguntas cuando proclama: “El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas

Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús

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