Ancladas en el corazón de Cristo, forjadoras de esperanza” (Hb 6, 18-20)
Luz Marina Materano, hcscj
Con la bula de convocación del Jubileo Ordinario del año 2025, el Papa Francisco nos invita a vivir este tiempo como un camino de esperanza.
Una de las dinámicas propuestas para vivir el Año Jubilar es la peregrinación hacia la Puerta Santa, signo visible del camino interior que se nos invita a recorrer. Cada diócesis ha señalado los templos donde se podrá realizar este gesto de fe.
El Papa Francisco nos exhorta a que, al cruzar la Puerta Santa, lo hagamos como un encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, quien se presenta a sí mismo como la “puerta de salvación” (cf. Jn 10,7.9). Es a Él a quien la Iglesia anuncia siempre, en todas partes y a todos, como “nuestra esperanza” (1 Tm 1,1). (Bula de la Esperanza nº 1)
Esa es la clave: vivir desde Jesús, abandonadas en sus manos, dejando que Él actúe como quiera, decía la Sierva de Dios, Madre Asunción Soler (SdD M. Asunción). Ella, M. Asunción, vivió toda su vida con la confianza puesta en Dios, fuente de su esperanza. Tenía la certeza de que Dios transformaba su historia —por dolorosa que fuese— en historia de salvación. (Bula nº 4)
SdD M. Asunción confiaba profundamente en la Virgen del Carmen, afirmando que “acude a nuestro auxilio cuando la necesitamos” e instando a “tener trato continuo con ella” (Carta de la SdD Madre Asunción, fechada el 7 de julio de 1945). Ese trato se profundiza al “estudiar su vida sobre la tierra”, yendo a la fuente: la Palabra de Dios. La SdD sabía que, al estudiar lo que dice la Palabra de Dios sobre la Madre de Jesús, encontramos una fuente fiable para trabajar nuestra fe, esperanza y caridad.
En el marco de la fiesta de la Virgen del Carmen de 1945, nuestra Fundadora invitaba a las hermanas a revisar la vivencia de las virtudes teologales. Hoy, esas preguntas siguen resonando en el corazón de la Familia Carmelita Madre Asunción: ¿Qué tal nosotras? ¿Cómo va el espíritu de fe? ¿La esperanza? ¿La ciframos sólo en Dios? ¿Y la caridad?
El Papa Francisco nos recuerda que las virtudes teologales son gracia: “Dios precede y acompaña al pueblo que camina entusiasta en la fe, diligente en la caridad y perseverante en la esperanza”. (Bula de la esperanza nº 6).
Para M. Asunción, la esperanza es actitud cotidiana. Nos exhorta con fuerza: “Qué dormidas estamos.” Nos llama “a vivir consagradas en su amor” (en el amor de Jesús), sin excusas. Se interroga —y nos interroga—: ¿Quién o qué nos impide? Amar con actos, no con palabras. Señala uno de los obstáculos: nuestras pasiones desencadenadas, el yoísmo. Y nos invita a trabajarnos en el “adelantamiento espiritual”, en el conocimiento de Jesús y de nosotras mismas.
Nos ofrece herramientas: el silencio (Bula de la esperanza nº 5 ) para hablar con Dios (ídem nº 18), mucho amor y sacrificio, confianza y abandono en Jesús. Decía con una seguridad que emociona: “Jesús me defenderá.”
Desde el 2 de agosto de este año, la Congregación vive el Año Capitular bajo el lema: “Ancladas en el corazón de Cristo, forjadoras de esperanza”, inspirado en Hebreos 6, 18-20. Es tiempo de gracia, de reflexión, de búsqueda de la voluntad de Dios, de revisar nuestra fidelidad al carisma como familia. Es momento de tomar el termómetro espiritual: ¿nuestra esperanza nace del amor y se funda en el Corazón traspasado de Jesús? (ídem nº 3)
En la carta que inspira este artículo, Madre Asunción nos decía: “Pidan por el Instituto y hónrenle con sus obras, para que así sea glorificado el Señor y nuestra Madre.”



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