Es con gran alegría que queremos compartir la experiencia que vivimos como Familia Carmelita Madre Asunción en Kenia. Deseamos dar testimonio de nuestra identidad y de la riqueza que hemos encontrado en nuestro camino como carmelitas.
Las Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús llegaron a Kenia a finales de 2013 y se establecieron en un lugar conocido como Nairekia Enkare (Narok), a noventa kilómetros de Nairobi, la capital del país. Allí comenzó oficialmente la comunidad dentro de la Diócesis de Ngong.
Más tarde, en septiembre de 2015, las hermanas se trasladaron a Kibiko, donde permanecen hasta hoy, también en la misma diócesis.
Fue en este territorio donde, en 2017, comenzamos a formarnos como Laicado Carmelita Madre Asunción. Aunque al inicio hubo un buen número de personas inscritas, no todos continuaron el proceso. Finalmente, catorce de nosotros perseveramos hasta realizar nuestras primeras promesas. Durante los primeros tres años, el grupo se mantuvo fuerte; nos esforzamos por vivir nuestro mandato central: compartir el amor de Dios de manera integral entre hermanos y hermanas. Cada actividad fue una oportunidad para crecer en familia y en unión con Dios.
Lo que hemos recibido y aprendido en este camino
- Hemos aprendido a leer, estudiar y meditar la Palabra de Dios, tomándola como libro de oración y formación. Queremos ser personas orantes.
- Hemos crecido en la valoración y práctica de la espiritualidad carmelita: la Palabra, la oración, la fraternidad y la solidaridad. También hemos profundizado en el amor a María, la Virgen.
- Aprendemos del profeta Elías su valentía y su entrega total a Dios; deseamos vivir ese espíritu de servicio para dar gloria al Señor.
- Hemos tenido la oportunidad de crecer como Familia Carmelita Madre Asunción, unidos en un mismo deseo: dar gloria a Dios siguiendo los pasos de Madre Asunción, quien nos enseñó la importancia de orar siempre.
- Hemos podido visitar a los más necesitados y compartir con ellos.
- Nos hemos beneficiado del trabajo comunitario.
- Hemos conocido más profundamente a nuestros hermanos de la familia carmelita.
- Hemos aprendido a vivir en equilibrio entre la contemplación y el apostolado.
Las actividades realizadas en grupo nos han permitido vivir con alegría nuestro carisma y espiritualidad, sin miedo.
Desafíos que hemos enfrentado
El mundo actual vive una época de desafíos históricos, marcada por una gran inestabilidad económica, social y geográfica. Esta situación ha afectado a toda la sociedad, y nosotros, como laicos Carmelitas Madre Asunción en Kenia, también hemos sufrido sus consecuencias. Cada uno lucha por sostener a su familia, y las preocupaciones diarias han reducido nuestra participación en las reuniones de formación y oración.
Los años 2024 y 2025 fueron especialmente difíciles. No tuvimos formación ni encuentros significativos como familia laica. Fueron dos años de desafíos inevitables que nos dejaron inactivos y afectaron nuestro crecimiento espiritual y nuestras actividades comunitarias.
Aun así, siempre ha sido motivo de alegría celebrar las fiestas congregacionales en el convento junto a nuestras hermanas. A pesar de los retos, valoramos profundamente haber podido participar en estas celebraciones.
Discernimiento y renovación
A finales del año pasado, 2025, reflexionamos sobre cómo Dios nos ha acompañado y hacia dónde nos ha guiado en su servicio y en el amor al prójimo. Sentimos que Dios nos llama a continuar con el mismo espíritu, a pesar de las dificultades inesperadas.
Por eso, deseamos renovar y fortalecer nuestra Familia Carmelita Madre Asunción en este año 2026. Enraizados en la Palabra de Dios y fortalecidos por el Espíritu Santo, queremos construir una etapa nueva, marcada por la transformación y el crecimiento. Estamos convencidos de la fuerza de la oración y de la importancia de mantener la disciplina en nuestras reuniones de formación.
La situación nos llevó a replantear nuevas estrategias para afrontar los desafíos. Hemos decidido reanimarnos como grupo. Este 2026 marca para nosotros una nueva era, y creemos firmemente que, con la gracia de Dios, lo lograremos.
Nuestra oportunidad
Nos comprometemos a:
- Ser constantes y responsables en la formación.
- Participar fielmente en los días de encuentro.
- Perseverar en la oración personal y comunitaria, especialmente durante las novenas.
- Ser fieles a la oración al Sagrado Corazón de Jesús cada viernes.
- Aumentar nuestros servicios benéficos.
Con esperanza, nos abandonamos en los brazos amorosos de Dios y elevamos una profunda acción de gracias. Con su gracia, renovamos nuestros compromisos.



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