Comunidad “Ntra. Sra. de Cortes”, Albacete
Es motivo de gozo, alegría y acción de gracias el dar a conocer y compartir, a través del Boletín Congregacional, un EVENTO que marca la historia de una Comunidad de Carmelitas del Sgdo. Corazón de Jesús: 50 años de presencia en Albacete.
Nos remontamos al 27 de Septiembre de 1975, fecha en la cual las Hermanas, con la autorización de la Superiora General de la Congregación, se insertaron en Albacete con un proyecto muy claro: ser servidoras de Jesús, al estilo de Madre Asunción, con las notas carismáticas que nos definen de fraternidad y servicio a los más pobres, y a través de todo esto dando GLORIA A DIOS, lema de nuestra Madre Fundadora.
La comunidad sería de inserción, en un sector obrero, en un plano de igualdad con las personas de aquel lugar, autocostestadas y ubicadas en la periferia de un barrio parroquial que llevaba el mismo nombre de San Pablo.
Esta opción en su estilo de vivir suponía carencia en todos los sentidos, detectando necesidades de vivienda, sustentación y otras necesidades. Siempre confiaron en la Providencia, y ella se encargaría de abrir caminos de solidaridad y de compartir, y así fue: personas que nos acogieron, compartiendo lo poco que tenían y ofrecían con mucha generosidad.
Entre tanto, nuestro trabajo se desarrolló cuidando enfermos a domicilio, atención a personas mayores, cuidado de niños, limpieza del hogar, etc. Para hacer frente al sustento, dando pasos también para un trabajo más rentable que al menos cubriera las necesidades más básicas. Esto la gente del barrio no lo comprendía, porque consideraban quehaceres muy humildes y les servía de cuestionamiento.
Uno de sus objetivos también era conocer las necesidades del barrio e incorporarse a Cáritas, Asociación de vecinos, crear escuelas, asfalto de calles y otros.
Otra de sus aspiraciones era ampliar su misión y ser una Comunidad que se moviera también en otros sectores: pastoral penitenciaria, lavandería social y justicia y paz en calidad de voluntariado, y dar pasos al campo de la sanidad, buscando ser remuneradas para poder sufragar nuestros gastos.
Con nuestras luces y sombras, y en medio de esta dura realidad, veíamos que era una mediación más del amor providente de Dios, que fortalecía nuestra fe, reafirmaba la esperanza y nos dejaba tocar de gratuidad.
Como Carmelitas, buscábamos espacios para la oración, contemplación, meditación de la Palabra de Dios: era el alimento espiritual que nutría nuestra vida y nos daba fuerza para la misión. “Lámpara es tu Palabra, Señor, en nuestros pasos, luz en mi sendero.”
Poco a poco íbamos formando grupos de oración, entre ellos FCMA, que bebe de nuestra fuente de espiritualidad: oración, contemplación, reflexión de la Palabra de Dios, formación y compromiso. Es un grupo que ha ido consolidándose, de puertas abiertas, donde cada persona se sienta libre para entrar o salir.
La misión compartida de estos grupos de fe y vida ha ido nutriéndose de los valores del Reino, fundamentadas en la esperanza que nos sostiene y en el ancla que nos da la firmeza y valor para dar razón de nuestra vida.
“Por sus fuerzas no confíen en nada… pero con Dios lo valemos todo, lo sabremos todo y lo podremos todo.” — Madre Asunción.
Con el correr de los años, la comunidad ha estado presente y está en el barrio y Parroquia en fidelidad a nuestro carisma y misión. Pero en el momento actual, nuestro aporte se ve más limitado por razones de salud y edad. Esta circunstancia no resta en el “ser” pero sí en el “hacer”.
Y llegamos al aniversario de los “50 años”. Fecha significativa para celebrar con toda solemnidad, ya que el acontecimiento lo requiere. La Parroquia, grupos y FCMA se ponen en movimiento para dar cuerpo a esta celebración.
Y se hizo una Eucaristía de acción de gracias, destacando José Joaquín, nuestro párroco, la labor callada y humilde de las Hermanas en el transcurso de estos 50 años. Los cantos fueron amenizados por el coro parroquial. Y al final, entrega de obsequios.
Hubo mucha asistencia: La Consejera General y Delegada de Zona, Hna. Rosario González; comunidad parroquial; FCMA y otras personas amigas y conocidas de las Hermanas.
Culminó la celebración con un ágape fraterno, lleno de emoción y de alegría compartida.
Con María, modelo de respuesta fiel a las iniciativas de Dios, le damos gracias por esta larga etapa que nos está concediendo estar en y con el Barrio y Parroquia San Pablo, intentando vivir y sembrar las actitudes de Jesús, Siervo de Dios y de las personas.
Gracias también a tantas personas que en todo este tiempo han sido y siguen siendo compañeras de camino, y de una manera especial a la FCMA.
Y termino con un pensamiento extraído de los escritos de la Madre Asunción Soler, Fundadora de la Congregación:
“A medida de la fe, y a medida del amor, con que practiquemos las cosas, harán o no harán apostolado.”



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