Dios se encarna en nuestra humanidad para llevarnos al misterio de Dios. Vivir esta alegría de la encarnación con convicción hará que otros quieran seguirlo y entregarse a Él con generosidad y alegría.

En este tiempo tan convulso, egoísta y relativista, se nos pide, como creyentes, ahondar en este misterio del amor de Dios, donde encontramos la respuesta a las necesidades de una humanidad herida por el odio, la injusticia, la mentira y la opresión al pueblo.

Es aquí donde, sentimos una fuerte llamada a la esperanza en medio de la complejidad y las dificultades que enfrentamos. Parece que, la sociedad, solo se preocupa por los dioses del poder, del placer, del tener y aparentar.

Pero, las grandes crisis crean grandes santos. San Agustín, nos lo sintetiza en dos frases:

  • Santo es el hombre/mujer, virtuoso. (1Cor.13)
  • El santo vive desde el amor agradecido (Rom.1,8) y vive en comunión con sus hermanos. (Col.2,7)

Ello implica vivir desde dentro. Experiencia teologal y el camino es la humildad.

Para el creyente en Jesucristo, cambia todo. Es la llamada a vivir desde Dios “Como Él quiera y de la manera que quiera”, como tanto insistía Madre Asunción.

Actualizamos nuestra fe alimentada con la Palabra y la oración humilde y sincera, permitiéndole a Dios, Ser Dios en nosotras, (TC,4) es el camino de la apertura al Dios que se abajó, para llevarnos al Reino.

Como Iglesia, entramos en un año de gracia, el jubileo, Peregrinos de la Esperanza. Trabajar en sinodalidad, creando comunión desde abajo y participando activamente en la misión a la que todos somos llamados, siendo testigos de un Dios presente en la historia por mucho que el hombre se empeñe en vivir al margen de Él.

La solidaridad, en estos momentos de la humanidad, en que muchos hermanos viven grandes sufrimientos de opresión e impotencia, es más urgente que nunca dar vida, ese amor generoso y humilde, que llegue a todos.

El cómo, no es tan complicado. Aceptamos nuestra fragilidad y limitación, pero aun así tenemos mucho que aportar. Nuestra oración y entrega humilde. “Quienes puedan dar más… Dios se lo pagará”. (LC. 10,35) “Hágase uso del discernimiento (Pr 19,2), que es el que modera las virtudes” (Regla, Epílogo).

Hemos de fortalecer la fe en un Dios salvador, la esperanza en un Dios que no defrauda, porque es fiel a su promesa, y el amor de un Dios que se entrega sin medida por la salvación de todos (Rom. 5, 4-5).

Volvamos a esta fuente y viviremos con alegría, agradecimiento y gratitud la permanente Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios, que solo por amor se encarnó en nuestra humanidad.

Un año 2025 lleno de paz producto de la justicia para todos (Is. 32, 17).

Con gratitud a esa fidelidad de Dios para con la Congregación y segura de que todas queremos ser cada día más de Él, les abrazo fraternalmente.

Hna. Ma. Teresa Delgado

Superiora General

Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús

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