A continuación, describimos algunas vivencias, desde la identidad carmelita y experiencias de fe.

El contacto con la realidad, el encuentro con la Palabra y el compartir de nuestro Laicado Carmelita Madre Asunción, ha significado un sendero de mucha riqueza para mí. Creo que cada paso, cada presencia, cada manifestación, me lleva a apostar por la continuidad, en este camino de formación y crecimiento.

Aunque me ha tocado vivir experiencias fuertes, creo que cuando asisto y participo de los temas y escucho atenta las sabias palabras de cada una de las integrantes, esto me impulsa, a sentirme creatura de Dios, a pesar de todo, tengo que vivir como la hija de un Rey que emana amor. Entonces comprendo que en mis idas y venidas, me estoy transformando en aquella persona, a la cual Dios puede moldear según su designio. Y recuerdo a Jeremías…”pero tus palabras arden dentro de mí; son como un fuego que me quema hasta los huesos, y aunque yo trataba de apagarlo no podía.” Jeremías 20,9.

Ha sido duro para mí afrontar la realidad familiar, sin embargo, el caminar con el Laicado ha hecho que me renueve, que valore el don la fraternidad, y me lleva a tomar acertadas decisiones para avanzar en el camino. Siento gran apoyo al sentirme aceptada. Voy recibiendo de Dios la bondad y me permite ver, en los momentos de sequedad, esos tesoros, que me pueden conducir a transformaciones sorprendentes, mejorando mi entorno familiar.

A pesar de mi rol como abuela, considero que soy el timón de mi casa. Noto que estoy poniendo orden en mi hogar, porque descubro la capacidad que Dios me ha dado. El Espíritu Santo aporta la sabiduría necesaria dentro de mi casa, porque me muestra su fortaleza, al sentirme hija amada de Dios.

Me lleno alegría cuando en el grupo algunas de las integrantes, cuentan sus experiencias, nos llevan la delantera en la fe, por su manera de afrontar la vida, con altura, con la confianza puesta en las manos de Dios, aunque no posean un alto grado de instrucción aparente.

También cuando dejamos ver nuestras dudas y equivocaciones, nos ayuda a aliviar la vida; llega la Paz al corazón. Porque vemos la realidad de una manera distinta. Me recuerda el episodio donde Jesús nos dice: “Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” Mateo 11,28-30.

Damos apertura a otras personas que deseen conformar este grupo y nos llenen de esperanza. Deseo que  lleguen a saborear esta experiencia, que ha cambiado mi vida, por eso  propongo invitarlas y mostrarles:  ¡cómo se celebra la vida Carmelita!, ¡cómo se comparten las penas!, ¡cómo se acompaña al débil!, al que está triste!, ¡cómo celebrar a María como la Madre y Hermana nuestra!, ¡cómo alegrarse en las fiestas!, ¡cómo se ora con fe!, ¡como agradecer la vida!, ¡cómo hacer silencio cuando no hay respuestas!, ¡cómo disfrutar juntos un café!, ¡cómo organizarnos para conseguir los objetivos propuestos!, ¡cómo anunciar a un Cristo Vivo!, en medio de tanta pobreza y escasez. Y aunque me inviten a participar de otros grupos, poder decirles   firmemente: “Ya  soy Carmelita”.

Argelia Soto –  Manuela Casado.

🇻🇪Santa Bárbara de Zulia, Venezuela.

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